El mundo frenético en el que vivimos, en el que todo es “fast” (por supuesto también la comida), nos empuja a estar haciendo varias cosas a la vez. Estas terminando un trabajo en el ordenador, mientras atiendes una llamada de un cliente y con el rabillo del ojo, ves el aviso de un nuevo mensaje en la bandeja de entrada de tu buzón de correo. Esta situación, nos produce la falsa sensación de “hacer muchas cosas bien y a la vez”. Digo la falsa sensación, porque es todo lo contrario.
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1) Conocer el perfil de tu cliente objetivo (conoce a tu cliente como si fuera tu mejor amigo o un familiar). Se trata de elaborar un retrato robot de tu cliente…si es hombre o mujer…sus deseos y necesidades…que odia…que le gusta…cual es su edad…etc. De esta forma tu producto/servicio estará enfocado 100% a sus necesidades reales. Además tus mensajes serán más efectivos, ya que se dirigirán directamente a ese tipo de cliente y no a uno genérico y sin rostro.
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Como todos sabemos, Twitter es una red social con tan solo 140 caracteres para comunicarnos. Esta reducida extensión de los mensajes, nos obliga a optimizar lo que decimos. Simplificamos el mensaje y nos centramos en lo verdaderamente importante, en la esencia de lo que queremos transmitir.
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